Miguel Torres · 22 de agosto de 2026
La vida diaria de un experto en prevención de pérdidas.
Explora las rutinas y desafíos cotidianos de un profesional en prevención de pérdidas en el sector minorista, desde la observación discreta hasta la resolución de incidentes.

El sol apenas asoma cuando empiezo mi jornada en la tienda principal del centro comercial. Como experto en prevención de pérdidas, mi rol va más allá de simplemente vigilar; se trata de entender patrones, anticipar comportamientos y proteger los activos sin generar incomodidad entre los clientes. Hoy es un martes cualquiera, pero cada día trae sus propias sorpresas en este trabajo que exige atención constante y discreción absoluta.
La mañana de observación y preparación
Después de revisar los informes del turno anterior y ajustar las cámaras de seguridad, me dedico a recorrer los pasillos con paso tranquilo. Me visto como cualquier otro cliente, con ropa casual que me permite mezclarme sin problemas. Analizo las zonas de alto riesgo, como la sección de electrónicos y cosméticos, donde los robos son más frecuentes. Un café rápido en la cafetería interna me da el impulso necesario mientras observo a los primeros visitantes del día.
La clave está en detectar señales sutiles: alguien que evita el contacto visual, que carga bolsos grandes o que deambula sin propósito claro. No se trata de juzgar, sino de estar alerta. En una ocasión reciente, noté a una persona que parecía demasiado interesada en los espejos de una sección, lo que me permitió intervenir antes de que ocurriera algo grave.
Los desafíos del mediodía
Alrededor del mediodía, el flujo de clientes aumenta y con él las oportunidades para incidentes. Me posiciono estratégicamente cerca de las cajas registradoras, donde a menudo ocurren fraudes con tarjetas o devoluciones falsas. Uso técnicas de comunicación no verbal para disuadir posibles ladrones; a veces, una simple presencia basta para que cambien de idea.
Uno de los momentos más tensos fue cuando intercepté a un grupo que intentaba salir con productos ocultos en mochilas. Manejar la situación con calma evitó un conflicto mayor y permitió recuperar los artículos sin escalar el problema. Después de eso, dedico tiempo a entrenar al personal de la tienda en técnicas básicas de observación, porque la prevención es un esfuerzo de equipo.
La tarde y el análisis final
Por la tarde, reviso las grabaciones y genero reportes detallados sobre cualquier anomalía detectada. Este trabajo implica mucho papeleo y coordinación con la gerencia, pero también momentos de reflexión sobre cómo mejorar las estrategias. A veces, las historias de clientes que intentan engañar al sistema me recuerdan por qué este rol es tan importante para mantener la integridad del negocio.
Al final del día, salgo de la tienda con la satisfacción de haber contribuido a un entorno más seguro. No siempre es glamuroso, pero la variedad de situaciones hace que cada jornada sea única y gratificante en su propia forma.
